Los libros son muchas cosas: son objetos fáciles de manipular, juegos, viajes, hermosas imágenes, historias de otros, historias de uno mismo, posibilidades de comunicarnos. La lectura es la capacidad de entrar y salir por cualquier tipo de palabras escritas en cualquier medio.
Leer no es sólo descifrar signos. Es entender profundamente lo que dicen esos signos. A veces no es tan fácil. Los niños no nacen lectores ni amando los libros. Hay que guiarlos y crecer con ellos.
Por eso quienes ya saben leer deben encargarse de acompañar en esta fantástica aventura a los que apenas se asoman, leyendo en voz alta lo que más emociona, compartiendo la lectura de las ilustraciones que cuentan historias más allá de las palabras, contagiando el placer de vivir aventuras... En fin, hay mil formas de formar lectores, de familia en familia, de escuela en escuela, de biblioteca en biblioteca.
Ser lector es tener acceso a la información. Sin esta capacidad, la participación ciudadana no es completa. Una sociedad funciona más armoniosamente, con mayor calidad de vida para todos, cuando la población es capaz de leer y escribir, procesando, estableciendo criterios, tomando decisiones propias, no manipuladas.
Los encuentros alrededor de los libros, en programas de animación a la lectura, establecen puentes de comunicación entre las diversas edades, religiones, sexos, edades, situaciones socio-económicas, convicciones políticas, y expresiones de los habitantes de las comunidades. Cuando abrimos un libro, tenemos encuentros con autores, culturas y universos. Nos sentimos reflejados en las situaciones, nos identificamos con los personajes, nos leemos en nuestras intimidades sin tener que reconocer que somos nosotros mismos.
Los libros deben ser leídos despacio, tomándonos el tiempo de disfrutarlos, interpretándolos con tonalidades, matices, expresiones personales. Cuando esto sucede, la historia adquiere vida. Es, por lo tanto, animada. Es decir que nuestra “ánima” o alma, ha entrado en el libro.
Un libro animado ocasiona que una o más personas repitan: “por favor, me lo lees otra vez”. Esta es la mejor prueba de que el momento de lectura ha tenido éxito.
Escrito por: Martha Alonso

Resalto el hecho del acompañamiento que va de la mano del ejemplo y también el sentir en la lectura un disfrute, lo cual es un reto porque se ve como una obligacio
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